El sexting se ha puesto de moda entre los adolescentes de todos los países, pero compartir información privada, de cualquier tipo, siempre implica un riesgo. Una guía del Inteco ayuda a los jóvenes a valorar su privacidad. Primero fueron las conocidas como party line, los foros, las salas de chat, msn o cualquier programa de conversación en tiempo real hasta evolucionar a productos como las redes sociales o chatroulette.
Los adultos conocen los peligros de revelar datos o imágenes personales a desconocidos a través de Internet, el teléfono móvil o la webcam, pero los adolescentes, nativos y confiados digitales no lo tienen tan claro.
El sexting (sex + texting) o las relaciones cibernéticas como parte de las reales, han llevado a varios casos en los que la audiencia planetaria de la red ha sido testigo de más de una riña que ha acabado con cárcel y de casos peores. La presión de ver como se convierte en pública una imagen íntima ha llevado a varios adolescentes al suicidio.
Por eso, el Inteco ha elaborado una guía para hacer más segura la utilización de las nuevas tecnologías a los adolescentes que quieren darse a conocer, intercambiar información o flirtear con alguien. En EEUU el 65% de las chicas y el 35% de los chicos han practicado sexting alguna vez.
Una fotografía mal gestionada puede terminar publicada en la red, servir como chantaje a terceras personas o convertirse en un auténtico riesgo si combinamos la presencia de información privada sin control con la geolocalización.
Las recomendaciones de esta guía son primero hacia los padres, para que hagan hincapié en sus hijos en la necesidad de proteger su imagen, y en segundo lugar, para los jóvenes:
Asegúrate de que utilizas un dispositivo seguro: sin virus ni malware
No cedas ante la presión o el chantaje, consulta con un adulto
No difundas imágenes de otros, a ti no te gustaría
No almacenes fotos comprometidas
El último punto es de los más importantes, ya que, aunque no participemos del sexting, tener imágenes eróticas propias o de la pareja almacenadas en un teléfono y ordenador no es garantía de que nadie acceda a ellas.
El bluetooth y las conexiones a Internet son una puerta de entrada al robo.